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Hasta hace poco más de un año ni siquiera tenía el carnet de moto, me gustaban, pero no me planteaba tener una ni sacarme el carnet. Eso cambió cuando decidí rasgar algunos puntos de cara a unas oposiciones que me estaba preparando. Así que me fui a la mejor autoescuela del lugar donde vivía, Córdoba, y me apunté. Empecé las clases, empecé a fijarme en las motos, ¡¡estuve hasta en Jerez!! Y empezaron a enamorarme poco a poco pero con pasos de gigante.

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Más tarde descubrí, a través de varios “overlanders” en Internet, que es posible viajar en moto disfrutando más de los paisajes y la carretera de lo que es posible hacerlo en coche, permitiéndote formar parte de ellos, oliendo el camino y con una libertad absoluta, claro que, a pesar de que me lo dijeran, no lo viví hasta que tuve mi primera moto.

A los pocos meses de sacarme el carnet me salió la posibilidad de adquirir una fantástica Suzuki Intruder 250 LC “Intrusa”, una moto que me enseñaría qué es el ser motero, una moto que hizo germinar en mí el espíritu de aventura sobre las dos ruedas, una moto que afianzó mi amor por este mundo. Un mundo donde sólo encuentras buenos momentos, que te permite contar buenas historias, que hace que cada día que coges la moto sea para el recuerdo.

[highlight color=”#ffbc14″]Y ya con esa moto tuve la necesidad de evadirme y escapar del mundo de los “enlatados” y hacer kilómetros sin mirar atrás, viviendo cada curva que recorría y aprendiendo más y más de esta forma de viajar, sintiendo como la gasolina fluía por mis venas y no pensando en otra cosa que no fuera subirme en la moto a la llegada de cada fin de semana. Así que, con la motivación de vivir una gran experiencia en moto, decidí ir a Francia, a Lyon, donde mi hermano mayor reside actualmente[/highlight].

Con el paso del tiempo fui ahorrando y me hice con algo que, por desgracia, es necesario en nuestro sin vivir diario, lo justo como para que vendiendo esa montura que tanto me enseñó, pudiera dar el salto a una moto trail media, una moto de “verdad”, una moto con la que soñé desde que la conocí. No fue fácil conseguirla, pero con esfuerzo y sacrificio logré hacerme con ella. Y así me volví a casar de nuevo con una moto, con mi Suzuki V-Strom 650 ABS XT “Imparable”.

Y ya, con la tranquilidad y seguridad que me aporta esta moto, veo que es el momento de disfrutar de lo que siempre me ha gustado hacer, viajar.

[box type=”success”]El evadirme del mundo, el vivir, el compartir, el conocer, el salir de la rutina, el vestir y hacer lo que uno quiere… son las cosas que me han llevado hasta donde estoy hoy: a punto de emprender mi primer gran viaje en moto, un viaje que estoy seguro que marcará un antes y un después en mi corta, pero intensa, vida de motero.[/box]

[highlight color=”#ffbc14″]Un viaje en el que no mostraré lo que estoy haciendo, sino en el que mostraré lo que tú puedes llegar a hacer si le pones empeño, ganas e ilusión.[/highlight]

¿Y qué mejor manera que ir a Francia, atravesar España y los Pirineos y recorrer parte de los Alpes?